Parece ser que, de una forma u otra, todos buscamos la felicidad.
¿Por qué vives? ¿Por qué o para qué te levantas todos los días a hacer un conjunto de cosas - generalmente, dentro del mismo repertorio de comportamientos - interactuando con otras personas, satisfaciendo necesidades de todo tipo, hasta volver a acostarte y dormir para, posteriormente, la próxima vez que abras los ojos, continuar haciendo lo mismo?
Conozco a algunos que me dirían que me sustento en prejuicios, que mi pensamiento es muy lineal, etc. En fin: me criticarían. Pero si obviamos todos esos mecanismos de defensa y aceptamos que esta pregunta se la ha hecho ‘medio mundo’, entonces, podríamos intentar resolverla… o si quieres que sea más humilde, entonces, reflexionemos acerca de la felicidad.
Esta pregunta supone, primero, que la felicidad existe y, segundo, que la felicidad es una cosa, un algo alcanzable… como una meta. Así, pues, cabe preguntarse: ¿qué se hace una vez lograda la meta? Obtuve mi premio. Luego, ¿qué? Supongamos que soy creyente católico al mismo tiempo de que aquel dios ‘realmente’ existe y, finalmente, resucito y vivo eternamente adorando a este dios, siendo feliz para siempre. ¿Qué se supone que haga con esa felicidad? ¿Esa cosa? Voy saltando y riendo con las hormonas revolucionadas eternamente, ya que no me puedo morir ni enfermar por la excesiva producción de ciertas moléculas químicas. Me parece que de hacer eso por la eternidad, volvería nuevamente a la monotonía… a la rutina y la felicidad ya no sería vivida como tal… a menos que la felicidad fuese progresivamente aumentando. En fin. Ese es un terreno jabonoso en el que no me desenvolveré más, ya que no adoraría al dios católico ni a ningún otro aunque se me ofreciera la felicidad a cambio… Pero ese es otro tema.
Y si suponemos que tengo 65 años y alcancé la felicidad… ya que, según dicen, no es tarea fácil alcanzarla… y estoy siendo optimista, porque supuestamente uno alcanza la sabiduría, la felicidad y todas las cosas importantes en la vejez, antes de morir… ya que uno nunca termina de crecer como persona y todas esas cosas…
Al parecer, por lo tanto, no nos sirve el preocuparnos por alcanzar la felicidad como meta ni como medio para alcanzar un fin. Pero si no nos esforzamos ni somos ‘buenas personas’ vamos a llegar a viejos y a morir siendo miserables. O sea, si me esfuerzo y sufro toda la vida tratando de alcanzar la punta de la pirámide de Maslow, tendré el consuelo de morir habiéndolo conseguido unos momentos antes, pero si no lo hago… si vivo de ‘los placeres de la vida’ y no me preocupo por estas cosas, entonces nunca habré logrado la felicidad. ¡Qué ironía!
Creo que prefiero creer en otra cosa… porque todos tenemos derecho a creer en lo que queramos, ¿no? Creo que es mejor pensar que la vida no se vive para alcanzar tales metas, sino que éstas son una mera consecuencia de cómo vivamos nuestras vidas… enfatizando el ‘cómo' vivimos por sobre el ‘paraqué’ o el ‘porqué’ vivimos. Así, de hecho, puedo decir que el ser feliz tiene más que ver con una disposición, el talante con que se vive.
Pero la pregunta inicial no está resuelta. ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos levantamos cada mañana y vivimos todas esas cosas? Creo que esa respuesta le pertenece a cada uno… la felicidad, un concepto tan amplio y manoseado por la sociedad, no creo que sea esa respuesta. En mi caso, esa respuesta no es importante. “Vivo para justificar mi vida. Que yo recuerde, no pedí nacer, pero no me molesta. He sufrido, he disfrutado… he crecido y he estado siendo consciente de muchas cosas. Formo parte de un universo al que podría beneficiar con mi existencia y, sobretodo, no quiero que lo que he vivido hasta aquí haya servido de nada para mi familia, la sociedad, el planeta, el universo… o multiverso… el cosmos…”
¿Y tú? ¿Por qué vives? ¿Para qué vives? ¿Cómo vives? ¿Se justifica desde un punto de vista racional, irracional, emocional, mágico y/o religioso tu existencia y tu forma de existir?