domingo, 28 de septiembre de 2008

Superhero (Parte 2)

… Salgo con pseudo-amigos (de los autodenominados gay, bisexuales y/o hetero - qué feo ha de sonar que use esos criterios de clasificación, pero lo hago a propósito, para que sientan cómo me he sentido durante tanto tiempo y cómo me he ido a costumbrando-) a pasar un momento agradable, pero no congeniamos. Simplemente me exigen más cosas… “sé así, sé asá”… “¿Por qué no tomas?” (por el tema del alcohol)… “¿Por qué no fumas?” (cigarro o marihuana)… “¿Por qué no bailas?”… “no hables tanto… cállate un rato, por favor” (con ironía) Y, así, sucesivamente. Voy a discos y/o pubs gay y hetero, pero es lo mismo en todos lados… Entonces, cabe pensar que “el que está mal es uno no los demás… no pueden estar mal la mayoría” (palabras de mi madre). Puede ser. Pero creo que, si tengo la posibilidad de callar, de hablar, de tratar unos temas y no otros, de bailar o no, de drogarme o no, entonces, independientemente de los juicios de bueno o malo, mis opciones son válidas y, deberían ser aceptadas. Comprendería que me criticaran un intento de volar, saltando de un rascacielos, ya que no puedo hacerlo. Pero, bueno. Es lo que hay... Un mundo que te obliga XD

Estudio psicología. He estado tratando de comprender a las personas desde los 8 años, aproximadamente. Estoy cansado. Siento que he estado tratando de comprenderLOS y comprenderME, como algo totalmente distinto. Es sólo hace 2 años que vengo haciendo el intento de comprenderNOS en interacción. Pero eso no cambia las cosas.



CON UN GRAN PODER VIENE UNA GRAN RESPONSABILIDAD


Los superhéroes, la mayoría de las veces, están ayudando y solucionando los problemas de los humanos. Problemas que, en el mundo real, son solucionados y prevenidos por nosotros mismos. Es tan ridículo, que siempre se hace alusión a superhéroes bajando gatitos de árboles o capturando a ladrones de banco. ¡Qué patético! ¡Qué horroroso!


Con el tiempo he aprendido muchas cosas de los humanos. He aprendido a caminar como lo hacen los demás, aunque muchas veces tengo que estar haciéndolo conscientemente, para no hacer el ridículo. He tenido que acostumbrarme a hablar con coloquios como el cachay, querí, podí, tení, eso (como punto final) y weá (como comodín), entre otros. He aprendido a usar ropa de hombre o alternativa, pero nunca de mujer, afeminada o perteneciente a alguna tribu urbana. Me basta con ser un, supuesto, gay reprimido por la sociedad… que, al fin y al cabo, ya dominó y determinó mi construcción social interior… y todo lo que he aprendido me ha servido para adquirir ciertas habilidades y estrategias psicosociales con las que me he convertido en un ser poderoso. En un superhéroe… así como lo es cualquier humano que maneja ciertas habilidades con las que resolver los problemas simples de la vida que otros no se dan el trabajo de resolver por sí mismos…



… y ahí aparece mi problema. ¿Hasta qué punto tengo que usar mis habilidades para solucionar problemas y dificultades que surgen en mi relación con otros, pero sin la ayuda, la participación, el interés y/o el esfuerzo de los demás? O sea, conozco a mucha gente que, en su relación conmigo y/o los demás, ayudan a generar un sistema autodestructivo y no hacen cosa alguna para remediarlo. Tratan de ignorarlo, se distancian y externalizan todo origen, forma y consecuencia del problema al contexto o a la otra persona, sin hacerse cargo de su responsabilidad. Entonces… como todo superhéroe estúpido que soy, o que es el otro, uno tiene que hacerse cargo, porque no quiere sufrir ni hacer sufrir al otro. No obstante, siempre intento comunicarme con el otro y orientarlo a usar su poder con responsabilidad para que, en conjunto, solucionemos nuestras dificultades. ¡Já! ¡Qué estúpido e iluso soy! “¿Para qué me voy a preocupar – pensará el otro – si a quien le preocupa hacer un cambio en la relación y quien la ve como autodestructiva es Jonathan? Es su construcción de la realidad. Él lo ve así y él tiene que solucionarlo consigo mismo. A mí no me compete.”


Y ahí me quedo. Maniatado. Puedo seguir tratando de persuadirlo a ver las cosas de otra manera y sin tener resultados hasta que me canse o el otro, afectado por los problemas de la relación que no quiere admitir, me abandone. Puedo optar por construir mi relación con el otro de forma egoísta, viendo costos y recompensas y trivializando su actitud. O, simplemente, puedo abandonarlo para evitar desperdiciar mi tiempo y otros recursos mentales en una relación tortuosa en la que el único que se esfuerza por hacerse cargo de su poder soy yo.

¿Y tú? ¿Has intentado salvar el mundo? ¿Tu mundo? ¿El que construyes junto a los seres que dices amar o apreciar? ¿Cuán humilde y valiente eres como para aceptar esa responsabilidad? Yo aviso que se me está acabando, lentamente, la energía para seguir siendo un superhéroe sobre-demandado en una sociedad que no quiere aprender a bajar sus gatitos de los árboles, a evitar que éstos suban o, simplemente, a despreocuparse de que éstos lo hagan, ya que en algún momento bajarán. Así como también estoy perdiendo la esperanza de encontrarme con otros superhéroes que me socorran y estén ahí para cuando yo me desvanezca…

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Superhero (Parte 1)

“... But just because you can beat him up, doesn’t give you the right to. Remember, with great power comes great responsibility.”

Solo, rechazado… auto-rechazado, fuerte, inteligente, simple, moralista, colectivista, emotivo, exigido e incomprendido. Esas, entre otras, son las características que me unen a Superman. Por si a alguien le intrigaba el porqué de mi blog.

Tengo rabia. Estoy harto. Me agota que la humanidad me exija que sea de una manera y que no sea de otra. Siempre demandando, condenando, indicando la norma con la que se mide cada ser humano… y ni siquiera me concibo humano. Mi madre y varios otros, pero mi madre: “El reloj no se usa en la muñeca derecha… así lo usan las mujeres”… “Debes peinarte en tal dirección, no en la otra… así lo usan los hombres”… “Se ven tan bien los hombres cuando caminan moviendo los brazos… mira esos de allá… mira cómo lo hacen… parecen relajados, seguros de sí mismos”… “Los hombres no usan jeans ajustados… menos mal que a ti no te interesa usarlos así”… “Cuando las personas se sienten así o asá, siempre hacen esto o esto otro”… “Si vas a hacer o sentir esto, entonces debes hacer y sentir esto otro”… “Nadie tiene derecho a criticarle a otro algún defecto o conducta inapropiada si ha hecho lo mismo”

Entonces, ¿qué? ¿Debo sentir lo que otros me dicen que sienta dada ciertas condiciones y circunstancias? ¿Y si no lo hago… cómo debo sentir? Además, ¿cómo expreso lo que siento si no es a través de lo consensuado socialmente?

Resulta que, supuestamente, soy humano, pero no queda claro el porqué. ¿Porque pienso, soy consciente y/o soy un ente con voluntad? ¿Y qué pasa con un organismo en el útero de una mujer que lleva 1 día de gestación? Dudo que sea capaz de esas cosas. ¿Y aquéllos con problemas cerebrales-mentales severos, que no se pueden comunicar con nosotros a voluntad, no son conscientes de lo que ocurre a su alrededor? ¿Qué sucede con aquéllos que entran en un estado vegetal? Entonces, definamos a un ser humano a partir de sus características anatómicas. Pero hay organismos, supuestamente humanos, que nacen sin todos sus órganos biológicos y otros que nacen con órganos de más. Y, así, continuamos buscando criterios y mezclando. Ni siquiera sirve pensar en las potencialidades, porque es muy ambiguo y no todos las comparten.

Resulta que, supuestamente, un hombre que se enamora y mantiene relaciones socio-erótico-sexuales con otros hombres es un homosexual, pero si a veces lo ha hecho con mujeres, entonces es bisexual. Pero si el sujeto asegura que no siente atracción por los hombres y/o por las mujeres en general, entonces entra en una crisis de identidad sexual. ¿Por qué? Porque tiene que definirse. La sociedad lo exige. Pero si la sociedad no lo hiciese, seríamos personas más libres, sinceras, relajadas y con menos trastornos psicosociales…

viernes, 19 de septiembre de 2008

Atardecer

Lágrimas… ¿por qué no acuden a mí? ¿Por qué me han abandonado? ¿No ven que necesito de su poder regenerador?

Angustia y pena; opresión en mi pecho, suspiros, palpitaciones, mariposas en la guata… Soledad, incomprensión, miedo a los juicios y las críticas, abandono, no saber qué hacer… no saber qué hacer, cómo actuar, qué pensar… ¿Quién me ayuda? ¿Qué debo decir? ¿Está bien que haga esto… ahora… aquí? ¿Cómo me muevo? ¿Está bien que piense sobre esto o sólo debo actuar movido por mis impulsos y disfrutar de la vida? ¿Se entendió lo que dije o debo decirlo de otra forma? ¿Acaso mi tono de voz dio a entender otra cosa? Disculpa. No quise herirte…. No quise herirme… ¿Cómo sabré si el nombre que le doy a mis sentimientos corresponde con el que le dan los demás estas sensaciones e ideas? Ayúdame a saber interpretar bien mis emociones. Abrázame. Acompáñame. No me odies. No te avergüences de mi debilidad. No me obligues a ser quien no soy. Bésame, acaríciame. Piensa en mí. Acompáñame en las buenas, que en las malas ya se sobrevivir. Hazme llorar de amor y de ternura. Muere junto a mí…

… … …

Fuerza, decisión, ESPERANZA, alegría, esfuerzo, disfrute, pasión, seguridad, confianza… Es lo que me queda… y no dudaré en seguir sobreviviendo, usando estas herramientas… No tengo otra opción. La música me ayuda… es mi compañera solitaria… Ojalá algún día aparezcas… recobres tu forma original… con la que te conocí, a partir de la cual comencé a admirarte y a amarte. Sólo, no te demores mucho… que me marchito antes de florecer, antes de mostrarme en todo mi esplendor…

… ¡Qué estúpido! Me acordé que puedo expresarme al máximo y que me había propuesto hacerlo independientemente de que tú aparecieras… ya que, ¿quién sabe?, puedo vivir sin ti o, en una de esas casualidades de la vida, te logro atraer de vuelta a mí… ¡Gracias, música!

¡¡¡Gracias, August Rush!!!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La felicidad

Parece ser que, de una forma u otra, todos buscamos la felicidad.

¿Por qué vives? ¿Por qué o para qué te levantas todos los días a hacer un conjunto de cosas - generalmente, dentro del mismo repertorio de comportamientos - interactuando con otras personas, satisfaciendo necesidades de todo tipo, hasta volver a acostarte y dormir para, posteriormente, la próxima vez que abras los ojos, continuar haciendo lo mismo?

Conozco a algunos que me dirían que me sustento en prejuicios, que mi pensamiento es muy lineal, etc. En fin: me criticarían. Pero si obviamos todos esos mecanismos de defensa y aceptamos que esta pregunta se la ha hecho ‘medio mundo’, entonces, podríamos intentar resolverla… o si quieres que sea más humilde, entonces, reflexionemos acerca de la felicidad.

Esta pregunta supone, primero, que la felicidad existe y, segundo, que la felicidad es una cosa, un algo alcanzable… como una meta. Así, pues, cabe preguntarse: ¿qué se hace una vez lograda la meta? Obtuve mi premio. Luego, ¿qué? Supongamos que soy creyente católico al mismo tiempo de que aquel dios ‘realmente’ existe y, finalmente, resucito y vivo eternamente adorando a este dios, siendo feliz para siempre. ¿Qué se supone que haga con esa felicidad? ¿Esa cosa? Voy saltando y riendo con las hormonas revolucionadas eternamente, ya que no me puedo morir ni enfermar por la excesiva producción de ciertas moléculas químicas. Me parece que de hacer eso por la eternidad, volvería nuevamente a la monotonía… a la rutina y la felicidad ya no sería vivida como tal… a menos que la felicidad fuese progresivamente aumentando. En fin. Ese es un terreno jabonoso en el que no me desenvolveré más, ya que no adoraría al dios católico ni a ningún otro aunque se me ofreciera la felicidad a cambio… Pero ese es otro tema.

Y si suponemos que tengo 65 años y alcancé la felicidad… ya que, según dicen, no es tarea fácil alcanzarla… y estoy siendo optimista, porque supuestamente uno alcanza la sabiduría, la felicidad y todas las cosas importantes en la vejez, antes de morir… ya que uno nunca termina de crecer como persona y todas esas cosas…

Al parecer, por lo tanto, no nos sirve el preocuparnos por alcanzar la felicidad como meta ni como medio para alcanzar un fin. Pero si no nos esforzamos ni somos ‘buenas personas’ vamos a llegar a viejos y a morir siendo miserables. O sea, si me esfuerzo y sufro toda la vida tratando de alcanzar la punta de la pirámide de Maslow, tendré el consuelo de morir habiéndolo conseguido unos momentos antes, pero si no lo hago… si vivo de ‘los placeres de la vida’ y no me preocupo por estas cosas, entonces nunca habré logrado la felicidad. ¡Qué ironía!

Creo que prefiero creer en otra cosa… porque todos tenemos derecho a creer en lo que queramos, ¿no? Creo que es mejor pensar que la vida no se vive para alcanzar tales metas, sino que éstas son una mera consecuencia de cómo vivamos nuestras vidas… enfatizando el ‘cómo' vivimos por sobre el ‘paraqué’ o el ‘porqué’ vivimos. Así, de hecho, puedo decir que el ser feliz tiene más que ver con una disposición, el talante con que se vive.

Pero la pregunta inicial no está resuelta. ¿Por qué vivimos? ¿Por qué nos levantamos cada mañana y vivimos todas esas cosas? Creo que esa respuesta le pertenece a cada uno… la felicidad, un concepto tan amplio y manoseado por la sociedad, no creo que sea esa respuesta. En mi caso, esa respuesta no es importante. “Vivo para justificar mi vida. Que yo recuerde, no pedí nacer, pero no me molesta. He sufrido, he disfrutado… he crecido y he estado siendo consciente de muchas cosas. Formo parte de un universo al que podría beneficiar con mi existencia y, sobretodo, no quiero que lo que he vivido hasta aquí haya servido de nada para mi familia, la sociedad, el planeta, el universo… o multiverso… el cosmos…”

¿Y tú? ¿Por qué vives? ¿Para qué vives? ¿Cómo vives? ¿Se justifica desde un punto de vista racional, irracional, emocional, mágico y/o religioso tu existencia y tu forma de existir?