martes, 21 de octubre de 2014

Solitude



    

     Estaba esperando que aparecieras para enojarme contigo; no te lo iba a hacer saber, pero necesitaba que aparecieras para enojarme... esperaba una excusa, pero me di cuenta que no la necesito... estoy enojado contigo... y con todos... estoy dolido... una vez más...
     ¿Y qué saco con todo esto? Soy sólo yo... es sólo mi particular forma de conocer la vida lo que me tiene así... ¿Dónde estás? A veces pienso que eres una u otra persona, pero finalmente, no eres ninguno de ellos... ¿Sabes lo que siento? ¿Sabes lo que pienso? ¿Sabes por qué miré hacia un lado y guardé silencio el otro día? Y si sabes, ¿por qué no estás a mi lado cuidándome, queriéndome? ¿Por qué no me haces cariño hasta dormirme en tus brazos? Lo único que necesito de ti es una atención constante, espontánea y genuina por mí... ser aquél sin quien no podrías vivir... aquél que te hace feliz y de quien necesites saberlo todo... sólo necesito sentir que no vivo, no siento, no pienso solo...
     Cobardía... odio la cobardía de las personas... ¡Los ODIO! Por culpa de su cobardía y de su egoísmo me siento cada vez más excluido, rechazado, repugnante. Imagen, aprobación... todos giran en torno a conservar esas superficialidades y, en el camino, por su cobardía y dejación, me terminan rechazando y demostrando que no valgo el sacrificio de sus miedos por conservar una imagen aprobable por un otro invisible e insignificante. Valgo menos que un otro insignificante...
Sé que soy fome, aburrido, feo, insulso... en definitiva, poco atractivo... pero ¿por qué siempre tengo que esforzarme para conseguir ser visto por los demás y, eventualmente, querido? ¿Soy tan miserable que no merezco nada y estoy obligado a esforzarme para, al final del día, conformarme con conseguir un pedazo de pan añejo?
     Quiero llorar, pero me cuesta... tengo tanto que hacer y a veces siento que no tiene sentido... ¿Moriré sin encontrarte?
     Abstracción... maldita inteligencia... sé que puedo ver las cosas de una manera distinta; sé que lo que quiero no es obligación de nadie dármelo... me enojo con los cobardes, los odio, pero no puedo exigirles nada... mi sufrimiento es tan responsabilidad mía que, aunque quiera que tú me cuides y me quieras, es responsabilidad mía merecer tu amor... pero no lo he merecido antes, no lo merezco ahora y no sé cómo merecerlo mañana.

     Nada de lo que te diga cambiará cómo me siento ni mi realidad... nada de lo que diga o haga hace una diferencia, porque necesito que tu amor sea espontáneo... necesito que sea genuino y no forzado... necesito que sea una necesidad tuya... y ahí muero... porque no hay nada que yo pueda hacer para conseguir lo que quiero de ti, porque no es algo que se consiga, sino que se recibe gratuitamente... Y, al final, hablar no sirve. Por eso escribo, para desahogarme e ir en contra de mi juicio, ya que, aunque sé que no depende de lo que yo haga, sigo sin perder la esperanza y, quizás, haciendo un nuevo intento de encontrarte, te encuentre... pero, si lo hago ¿me querrás? ¿te mereceré?

No hay comentarios: